Zona Pastoral de Catia la Mar despidió el Año Jubilar con solemne misa
El padre Bustamante hizo un llamado a la acción permanente, recordando que el encuentro con Cristo exige un cambio de rumbo
La Zona Pastoral de Catia la Mar celebró la clausura del Año Santo Jubilar en el templo Sagrado Corazón de Jesús de la Paéz, en Catia la Mar, en una jornada donde la fe se hizo historia y la historia se hizo gracia.
La solemne eucaristía fue presidida por el párroco del Sagrado Corazón de Jesús, el padre Alfredo Bustamante, y concelebrada por los presbíteros Ángel Colmenares, de La Soublette; Jonathan Paredes, de Mirabal y Zamora; Jorge Peña, de Vista al Mar; y el invitado especial de Carúpano, el padre Marvin.
En el servicio del altar acompañaron los diáconos José Rafael, José Ramón y Rubén, junto a los seminaristas de la Diócesis de La Guaira y los custodios del Santuario.
Lo que comenzó como un regalo por las Bodas de Oro de la parroquia, culminó en el Día de la Epifanía con una liturgia cargada de simbolismo y un envío misionero que desbordó las calles de La Páez.
El momento de mayor densidad espiritual fue la homilía del padre Alfredo Bustamante, quien con palabras que conmovieron a la asamblea, definió este tiempo como un encuentro entre lo humano y lo divino.
“Hay días en la vida de una comunidad que quedan grabados no con tinta, sino con fuego en el alma. Hoy es uno de esos días. Estamos en el umbral donde se cruzan la historia y la eternidad”, afirmó el párroco al iniciar su mensaje.
Recordando el camino recorrido desde que las calles se desbordaron en la apertura del Año Santo, el Padre Bustamante citó a los discípulos de Emaús para describir el sentir de la parroquia: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino?”. Asimismo, destacó la predilección divina sobre esta comunidad.
“El hecho de que Dios haya elegido nuestro 50 aniversario para hacernos Templo Jubilar es su forma de decirnos: ‘He visto tu fidelidad, comunidad del Sagrado Corazón, y hoy te premio convirtiéndote en fuente de gracia para tus hermanos’ (…) Esta parroquia ha sido, durante este año, el corazón latente de Catia la Mar”.
Antes de concluir, hizo un llamado a la acción permanente, recordando que el encuentro con Cristo exige un cambio de rumbo. “Los Magos volvieron a su tierra por otro camino. Ese es mi deseo para ustedes hoy. Que al salir por esa puerta, no vuelvan a la misma rutina. Vuelvan con la mirada de quien ha sido perdonado”.

Un Decreto sellado con gratitud
La solemnidad continuó con la lectura del Decreto Diocesano enviado por monseñor Pablo Modesto, obispo de La Guaira. El texto, que ordenaba la clausura oficial del año de gracia e instaba a los templos jubilares a celebrar esta misa de cierre, fue leído por el padre Ángel Colmenares.
Al finalizar la lectura, la feligresía prorrumpió en un aplauso atronador, un gesto espontáneo que selló un año de bendiciones y perdón.
En el ofertorio, representantes de las 10 parroquias de la zona llevaron un cirio encendido hasta los pies del Altar del Santísimo Sacramento. Esta luz representaba todas las indulgencias plenarias alcanzadas por los fieles durante este año en este templo jubilar; un tributo de luz por cada alma que encontró consuelo y limpieza espiritual en el confesionario del Sagrado Corazón.
Una Iglesia en salida
La Eucaristía, amenizada por una vibrante mezcla de parranda navideña y cantos tradicionales, culminó con la interpretación final del Himno del Jubileo. Fue entonces cuando la liturgia se trasladó a la calle.
La Cruz Jubilar lideró la procesión de salida por la puerta principal, seguida por los ministros del altar, sacerdotes, diáconos y los seminaristas.
El momento más simbólico ocurrió cuando incluso el ministerio de música dejó sus instrumentos para unirse al pueblo, desbordando nuevamente la calle de La Páez con la simbología de una Iglesia en salida.
No fue un adiós, sino una manifestación de que, tras cerrar la puerta del templo, la misión continúa. “Ya no solo somos peregrinos, sino Misioneros de la Esperanza”.
