Padre Bustamante: Carayaca es tierra bendecida por San José
“Al mirar hacia atrás, veo la mano de Dios; al mirar al presente, veo la generosidad de esta parroquia y del padre Álvaro Torres; y al mirar al futuro, veo la protección de San José sobre todos nosotros”.
Estas fueron las palabras pronunciadas por el presbístero Alfredo Bustamante durante su homilía en la iglesia de Carayaca por las fiestas de San José, patrono es esta comunidad parroquial.
Manifestó que Carayaca está llamada a ser una comunidad donde las familias se cuiden, donde nadie se sienta abandonado. “Como José, protejan la vida, la unión y la fe en sus casas”.
El padre Bustamante los instó a seguir el ejemplo de su patrón basándose en lo que Dios nos dice: ‘Sean restauradores de hogares’ (Isaías 49) y ‘Trabajen en sintonía con el Padre’ (Juan 5).
“Jesús dice que el Hijo hace lo que ve hacer al Padre. Ustedes, como parroquia, deben actuar según lo que ven en el Corazón de Dios. Que su trabajo diario, sus luchas y sus alegrías no sean para gloria propia, sino un reflejo del amor del Padre. Que en Carayaca se trabaje con la honestidad y la humildad del taller de Nazaret”.
Recordó que San José fue el hombre del «tiempo de la misericordia». A él se le confió restaurar la esperanza de la humanidad custodiando al Salvador.
“Con su amor silencioso, es el reflejo de ese Dios que no olvida. Él cuidó de Jesús, y les aseguro, por experiencia propia en estos 20 años, que él también ha cuidado de mi sacerdocio, guiándome hacia ‘manantiales de agua fresca’ cuando el camino se hacía árido”.
Siempre será su casa
Agradeció al padre Álvaro por abrirle las puertas de esta iglesia que siempre la ha sentido como su casa porque hace 20 años, un 25 de febrero, entregó su vida al Señor.
“Este templo fue la cuna que me vio nacer como sacerdote. Regresar hoy, en las vísperas de las fiestas de nuestro santo patrono San José, es como volver a los brazos de un padre que me ha cuidado en cada paso de este camino”.
El presbítero señaló que en estos 20 años ha descubierto que el sacerdocio, como la vida de José, es un servicio de entrega total y muchas veces silenciosa.
“Quiero dar gracias porque San José ha sido el custodio de mis recuerdos y de mi fidelidad. Aquel joven que se ordenó en 2006 hoy regresa con algunas cicatrices, pero con el corazón lleno de nombres, de historias y de la certeza de que ‘el que escucha mi palabra tiene vida eterna’”./LDS
