Venezolanos sufren fatiga emocional

El psicólogo Karim Osgood señaló que la sociedad venezolana está sufriendo un Burnout Social

Laura De Stefano

El panorama del malestar en Venezuela se mantiene en niveles elevados, no solo por factores políticos, sino por una exposición prolongada a la incertidumbre económica y social.

A diferencia del estrés agudo ligado a una amenaza de guerra, los venezolanos enfrentan un conjunto de estresores crónicos y sostenidos que, según el psicólogo Karim Osgood, han llevado a una parte de la población a un estado de fatiga emocional y resignación.

El especialista destaca que el principal factor estresor, aunque parezca reiterativo, es la crisis económica sostenida por años. Esta erosión prolongada ha generado un sostenimiento crónico del nivel de estrés en la nación, que se manifiesta en dos extremos de la población:

Resignación o desesperanza aprendida. Un amplio sector cae en la apatía ante la falta de expectativas de mejora. O comportamientos arriesgados e indolentes. En el otro extremo, la necesidad empuja a algunos a perder principios, manifestando conductas deshumanizadas para la supervivencia.

A esto se suma la sensación de cerco y la incertidumbre sobre lo que depara el futuro, factores que contribuyen al malestar social generalizado.

Osgood señala que, más que hablar de un “estrés traumático crónico”, es más específico referirse al concepto de Burnout Social para describir el estado actual de una parte de la sociedad venezolana. Este burnout (fatiga o agotamiento) se debe a la exposición prolongada a la incertidumbre económica y social.

“Una buena parte de la población está fatigada y resignada”, afirma Osgood, quien aclara que este estado afecta especialmente a quienes no invierten en sí mismos, pues van a estar más volubles.

La experiencia de estrés se vuelve más aguda en aquellos grupos que carecen de metas, proyectos o propósitos claros. La ausencia de una visión de futuro los expone a una serie de mecanismos de afrontamiento poco saludables: queja, rumiación mental, victimización, auto sabotaje y el humor como mecanismo de defensa cultural.

Las manifestaciones clínicas más frecuentes de este alto nivel de estrés en la población son una profunda ansiedad y depresión, que pueden alcanzar el grado de trastornos. El especialista explica que la paradoja es que este miedo y resignación se expresan a través de actitud defensiva o clara susceptibilidad, irritabilidad y ambivalencia afectiva.

Para manejar este nivel de estrés y reducir su impacto, el psicólogo Osgood ofrece una recomendación esencial que es aprender a gestionar el pensamiento.

Aconseja, citando el enfoque cognitivo, que enseña que “el estrés no es producto de aquello que está fuera, sino de los juicios y el marco de referencia en el cual o a través del cual interpretamos nuestras experiencias”.