Pirotécnicos dejan secuelas visuales de por vida en los niños

El oftalmólogo Barrientos recomienda que ante cualquier trauma ocular, la regla es sencilla: no tocar, no presionar, no poner nada

Laura De Stefano

“Los fuegos artificiales representan un grave peligro para la visión infantil, porque más allá de las quemaduras cutáneas, sus explosiones pueden provocar daños oculares permanentes e irreversibles”.

La advertencia la hizo el doctor Robinson Barrientos, especialista en cataratas, quien destacó que la explosión lanza una mezcla de onda expansiva, calor intenso, trozos de metal y químicos que atraviesan la parte frontal del ojo y lesionan las estructuras internas.

“Podemos ver opacificación del cristalino (cataratas traumáticas), desgarros o desprendimientos de retina, hemorragias internas, e incluso daño directo al nervio óptico, que es irreversible”

Dijo que en muchos casos, el niño llega sin una quemadura externa evidente, pero por dentro el ojo ya está gravemente comprometido. “Son lesiones que pueden dejar secuelas visuales para toda la vida”./LDS

El oftalmólogo Barrientos señaló que el niño no necesita manipular la pólvora para estar en riesgo. Basta con estar a pocos metros para que una chispa, un fragmento caliente o una explosión inesperada impacte directamente en sus ojos.

“Incluso a 10–15 metros, dependiendo del tipo de fuego artificial, sigue existiendo riesgo de trauma ocular por proyectiles o partículas incandescentes”.

Las luces de bengala alcanzan más de 1.000ºC

El especialista recalcó que no existen pirotécnicos inofensivos como las bengalas o estrellitas, pues éstas alcanzan temperaturas de más de 1,000 °C.  “Esa temperatura es suficiente para fundir metal, así que claramente puede quemar la piel y la córnea en milésimas de segundo”.

Lo más graves es que suelen manipularse cerca del rostro y los niños tienden a balancearlas, correr o apuntarlas sin intención. Por eso no son inofensivas, son una fuente real de quemaduras oculares severas.

Explicó que los niños son la población más vulnerable por varias razones. La primera es la estatura, su rostro está justo a la altura del pundo donde explotan muchos artefactos, y segundo la curiosidad y la falta de percepción del peligro.

Desde el punto de vista biológico, indicó, los tejidos oculares infantiles son más delicados. La córnea es más delgada, el cristalino más blando y transparente, y la retina más susceptible a traumatismos y quemaduras por luz intensa.

“Todo esto hace que una lesión que en un adulto podría ser leve, en un niño termine siendo mucho más grave y con mayores probabilidades de dejar una secuela permanente”.

Manifestaciones tardías

Advirtió que muchas lesiones no se manifiestan de inmediato, sino a lo largo de los años. Pueden aparecer cataratas traumáticas que progresan lentamente, glaucoma postraumático, a los meses o años después y desprendimientos de retina tardíos por cicatrices internas.

También astigmatismo irregular si hubo daño en la córnea, ambliopía (ojo perezoso) si la visión no se recupera totalmente en edades críticas del desarrollo visual y atrofia del nervio óptico, incluso si al inicio parecía estable.

Por eso cualquier trauma ocular en un niño, por mínimo que parezca, requiere seguimiento prolongado, no solo una evaluación inicial.

Errores frecuentes ante una lesión

El doctor Barrientos comentó que los errores más frecuentes que comenten las personas cuando ocurre una lesión ocular es frotar el ojo o intentar retirar objetos incrustados, colocar hielo directamente, gotas caseras o remedios populares como manzanilla.

Muchos aplican antibióticos sin indicación, esto puede empeorar químicamente una quemadura, o no acuden de inmediato al especialista, pensando que “ya se pasará”.

“Ante cualquier trauma ocular, la regla es sencilla: no tocar, no presionar, no poner nada. Proteger el ojo con una tapa o escudo y acudir a emergencias oftalmológicas inmediatamente. Cada minuto cuenta”.

El mensaje más importante que el especialista envía a los padres es que los fuegos artificiales no son juguetes. Son explosivos, y cualquier explosivo cerca de los ojos implica un riesgo real de ceguera permanente.

La mejor prevención es que los niños no manipulen ningún tipo de pirotecnia y que las familias asistan únicamente a espectáculos profesionales. Una chispa del tamaño de un alfiler puede cambiar la visión de un niño para toda la vida.

“La vista no se reemplaza. Y una festividad no debería terminar en una emergencia. La seguridad debe estar siempre por encima del espectáculo”.