Color de hormiga
Continúa el despliegue militar norteamericano en aguas del Caribe, así como la cooperación de países aliados para atender el asunto que, como se ha dicho, corresponde a la lucha antidrogas que proviene de Suramérica, y en opinión de expertos sale a través de Venezuela, aunque también se admite que se produce de manera fundamental en Colombia, y de ahí su reciente descertificación por parte del gobierno de Trump.
Además de la lucha antidroga, esos movimientos lucen también como una ¨amenaza de miedo creíble¨ en cuanto a la crisis venezolana que no termina de resolverse, por falta de voluntad y la terquedad del gobierno de facto fundamentalmente.
Otro tanto ocurre en los predios de la oposición, por el deseo de entender la política en sentido binario; en blanco y negro, o el todo o nada, que solo conduce a entrabar cualquier salida posible, aunque no sea perfecta. La perfección en política no ocurre a menudo.
Sería recomendable –una vez más- sugerir la necesidad de aprovechar la ocasión para aproximarse a negociaciones que zanjen la prolongada crisis, y para ello hay señales que pueden ayudar. Por ejemplo, más allá de los gritos patrioteros en eventos partidistas o gubernamentales con público y aplausos controlados, hay que atender a los mensajes más reflexivos, como el enviado por Maduro al Presidente Trump, solicitando conversaciones por la paz en tono diplomático.
Debería aceptarse la invitación, y ordenar urgentemente reuniones entre las dos cancillerías para adelantar salidas posibles, no para ganar tiempo en el caso del gobierno de facto venezolano, como siempre ha hecho. Se trata de abordar la crisis con seriedad y allanar el camino de la mejor manera.
En nuestra opinión, nadie desea una guerra que solo traería desolación; y muerte en un país que no tiene ninguna posibilidad de competir militarmente con la primera potencia mundial en asuntos militares. De ahí que no se debe estar provocando, ni amenazando con retórica irresponsable y de imposible cumplimiento.
A lo largo del tiempo hemos sugerido salidas a la crisis, que ahora vuelven a estar en el tablero habida cuenta de que el juego sigue trancado, luego del robo electoral del 28J. El oficialismo que antes corría a mostrar las Actas en su página web cuando ganaba las elecciones, esta vez se negó rotundamente a hacerlo, y montaron una trama en el CNE con su office boy Amoroso, que hoy aún tiene cerrado el acceso a la página del organismo.
Del mismo modo, gracias a su control institucional pleno, llevaron el conflicto al TSJ, incompetente para ello, solo con la idea de darle un carácter ¨legítimo y legal¨ al acto más indecente del que hayan podido ser propulsores, como el de la elección presidencial.
Si hubieran tenido voluntad de resolver el conflicto con seriedad, en vista de que desconocieron las Actas ofrecidas por la oposición, sin mostrar las suyas, hubiera sido muy sencillo cancelar la disputa con la exhibición del Acta No. 1 que corresponde al Plan República, lo cual, sospechosamente tampoco ocurrió, como corolario de la ristra de violaciones Constitucionales y legales.
Si a todo eso le sumamos el terrorismo de Estado; la desaparición forzada de ciudadanos; la multiplicación de encarcelamientos injustificados; la violación sistemática de DDHH, y por si fuera poco, la destrucción de los servicios esenciales, y la economía que también agobia a la familia venezolana, tenemos un ambiente deplorable, y cruel.
Así pues, aceptar las negociaciones propuestas como primer paso, sería auspicioso, y si ello trae consigo gestos de buena voluntad, mejor aún. Por ejemplo, qué tal si para comenzar las conversaciones, EEUU elimina la recompensa por Maduro, y éste a su vez, decreta la liberación irrestricta de todos los presos políticos, sin más puertas giratorias?
A partir de ahí, son varias las salidas posibles: La salida de Maduro y su gobierno de facto hacia algún destino, con garantías de no persecución; la amnistía general, y el restablecimiento de los derechos de todos los inhabilitados injustamente.
Para EEUU, Trump y Rubio especialmente, es muy importante alcanzar algún tipo de resultado positivo, pues se juegan el prestigio internacional con el enigmático movimiento militar en aguas del Caribe, con la paradójica renovación simultánea de la licencia de Chevron, pero también en el ámbito interno, en razón de que en noviembre 2026 se realizarán las elecciones de medio término, en las cuales, se renovará un tercio de la cámara del Senado y es de recordar que Rubio es Senador por La Florida.

Si se mantiene como Secretario de Estado, no podrá concurrir como candidato al Senado, y si además no tiene éxito en la ¨lucha antidrogas¨, el camino se le hace cuesta arriba porque podría el gobierno prescindir de su presencia en el gabinete, haciéndolo responsable de la derrota, y con ello un fuerte golpe a su aspiración presidencial. De manera que se les va la vida –en sentido figurado- claro está, en la necesidad de conseguir algún éxito rotundo que potencie al Presidente Trump, y eventualmente a Rubio como aspirante a la Casa Blanca, que ya tiene varios contendores de peso.
En política no hay escenario sencillo, pero lo cierto es que existe para buscar salidas, y si son pacíficas, mucho mejor. El gobierno de facto tiene que reconocer su derrota, en vista de que no puede demostrar triunfo alguno. No obstante, están administrando el país y empujándolo a un abismo que se debe impedir. Han trancado el juego y aún así maniobran para intentar quedarse y saciar su sed totalitaria.
No obstante, hay que buscar mecanismos que incidan en una salida honorable para el país, y antes de que ocurra alguna situación bélica de la cual todos tengamos que lamentarnos en el futuro inmediato, sería sensato acceder a soluciones intermedias, que sin ser perfectas, resuelvan el conflicto de manera definitiva.
Nos referimos al hecho de que si no se llega a un acuerdo para la salida negociada del gobierno de facto, muy bien podríamos pensar en la celebración de unas megaelecciones en las que se legitimen todas las instancias del poder público, y en el interín, designar un gobierno de unidad nacional que conduzca la administración por el lapso que decidan las partes; que se designe un CNE provisional para organizar la megaelección de todos los poderes, encabezados ambos por personalidades de respetables, y aceptación general.
Hay que acabar con la zozobra, y darle un chance a la paz.
@romanibarra

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