Pocos bañistas en Playa Coral

“Hasta que no se acaben los problemas en el país no veremos luz”, así respondió tajantemente un vendedor playero cuando se le preguntó sobre la llegada de visitantes a las playas del Litoral Central, en especial a las del este, a propósito del fin de semana largo con motivo del 1º de Mayo.

“Sí hay gente, pero no la que esperábamos. De los que están aquí son pocos los que se animan a comprar. La mayoría se viene preparada hasta con su guarapita”.

Con la piel tostada por el sol, el hombre, que no quiso identificarse, conversaba con otros tres compañeros bajo la sombra de un toldo en la llamada playa modelo del estado: Playa Coral. Y es que las pocas ventas le dan hasta para una charla.

Recordó que hasta la mejor temporada del año ha sido Carnaval, pues en la Semana Mayor el mal tiempo les aguó las ventas.

“La especulación  nos está matando”  

Alexis Castillo, quien tiene ocho años ofreciendo mariscos a los bañistas de Playa Coral, manifestó su preocupación por los anuncios que se espera haga el Presidente de la República por el Día del Trabajador.

Señaló que zanquea de un lugar a otro en procura de conseguir los insumos más baratos para no golpear tanto el bolsillo de los usuarios. “Los mariscos los compramos en Coche, porque nos ahorramos hasta el 50%. Con la cebolla pasa igual: mientras aquí la venden hasta en Bs. 2.500, allá nos sale en 1.500”.

“Si la especulación nos está matando ahorita, qué será después del 1º de Mayo. Sufrimos para no subir los precios, que siguen entre Bs. 3.000 y 4.000, según el tamaño del envase; y aún así no nos compran”.

La cabilla de la muerte

Una trabajadora de Playa Coral llevó al equipo reporteril cerca de la orilla de la playa, donde se observan al menos tres cabillas oxidadas que emergen de la tierra. “Ayer (viernes) un niño se enredó y por poco cae en ellas. ¿Te imaginas eso?”.

Aprovechó de recordarle al presidente del Instituto de Turismo, Ernesto García, que cumpla la promesa que le hizo a los trabajadores de la playa de traer una máquina para extraer el hierro.

“Después de Semana Santa las retiramos”, eso fue lo que nos dijo y aún seguimos esperando. A una, que es la que está más cerca del mar, le colocamos un tubo para alertar a los bañistas”, sostuvo.

Finalizó diciendo que aunque intentaron removerlas por sus propios medios, les fue imposible. “Lo que no queremos es que ocurra una desgracia para que allí sí salgan corriendo a hacerse cargo”.

 

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