Asesino de los dos adolescentes asistió al velorio, entierro y rezos – Diario La Verdad de Vargas

Asesino de los dos adolescentes asistió al velorio, entierro y rezos

J.J. Rengifo López (33) estaba molesto porque su vecina de 16 años no le hacía caso. Ella le gustaba y por mucho que trataba de conquistarla, ella se resistía, entre otras cosas porque le doblaba la edad. Él insistía, pero nada le daba resultado.

Después de incluso fingir colaborar con los detectives para dar con el asesino, J.J. Rengifo López fue hallado culpable del doble homicidio que sacudió al Táchira

El hombre entró en cólera al enterarse de que la muchacha había entablado una relación con un joven de La Azulita. Sin ningún derecho, Rengifo le reclamó a la joven y la atacó con un cuchillo.

Un estudiante de 15 años, amigo de la muchacha, íntervino para tratar de evitar que la matara y el hombre descargó su furia también en él dándole 34 puñaladas.

Los hechos ocurrieron el 26 de abril en Los Cruceros, vía a La Azulita, en el municipio Monseñor Alejandro Fernández Feo, Táchira.

En sus intentos por alejar las sospechas, J. J. Rengifo López se mostró muy colaborador en las investigaciones y al mismo tiempo intentaba confundir a los detectives del Eje Contra Homicidios del Cicpc Táchira, quienes 17 días después lograron determinar que él era el asesino de los dos adolescentes.

El doble asesinato

Ese 26 de abril la zona sur del estado Táchira fue sacudida por un hecho dantesco: en la vía pública, frente a la bodega de Los Cruceros, se encontraban los cuerpos sin vida de dos adolescentes, con heridas de arma blanca.

Eran habitantes de la zona y estudiaban quinto año de bachillerato en la escuela de Ayarí. Sus nombres: Karla Luzbey Sánchez R.(16) y su amigo y compañero de estudios, Énder Alexánder Castillo Prieto (15).

La muchacha sufrió tres heridas, en tanto que en el joven se localizaron 34, lo que era una muestra del ensañamiento con que fue atacado.

La madre de la menor dijo a los detectives del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas que, cuando llegaba a su casa, observó un cuerpo en el piso y a un hombre que corría hacia la zona boscosa, y que al adelantar algunos metros, se percató que se trataba de su hija. Un poco más allá estaba el cuerpo de Castillo Prieto.

J.J. Rengifo López

La mujer comenzó a gritar en solicitud de auxilio y entre las primeras personas que acudieron en su ayuda estaba su vecino, Juan Rengifo, que en medio de exclamaciones se abalanzó sobre el cuerpo de la joven, a quien le aplicó maniobras de reanimación, y puesto que no había logrado reanimarla porque se había desangrado, seguidamente se abocó a consolar a los atribulados familiares.

Cuando se hicieron presentes los detectives del Cicpc, el hombre fue el primero en recibirlos y les explicó algunos detalles que había oído sobre el crimen. Se puso a la orden para colaborar con las investigaciones y ayudó a los investigadores a trasladar los cuerpos a la furgoneta.

Investigación complicada

Desde un primer momento, las investigaciones fueron complicadas. Primero, por la falta de pistas reales y los imprecisos detalles aportados por los testigos. Solo existía un hecho cierto, la versión de la madre de la menor, que había visto a un hombre correr e internarse en la vegetación, pero no existían otros detalles, ni la menor característica del hombre que huía.

Debido a la gravedad del hecho y la consternación que había causado, el mismo director del Cicpc del Táchira, comisario Wílmer Uribe Guerrero, se puso al frente de las pesquisas, junto al comisario Carlos Rodríguez, supervisor de la Delegación, y los inspectores Danny Abreu y Freddy Ramírez, jefes del Eje Contra Homicidios. Veinte funcionarios fueron sumados al equipo que se trasladó al lugar para desarrollar su trabajo.

Ante la inconsistencia de los testimonios aportados por los testigos, se procedió a conversar de nuevo con ellos y estos admitieron que en realidad no sabían, ni habían visto nada, y que tan solo contaron lo que habían escuchado en la calle. Poco a poco se fueron desechando testimonios, hasta que solo quedó la versión de la madre de la adolescente, quien vio a un hombre correr.

Los detectives fueron al sitio señalado y entre la maleza encontraron rastros que no habían visto antes, que pasaban por un sendero, rodeaban una vivienda y conducían a una casa vecina.

Esa era la casa de Juan Rengifo, el vecino colaborador y atento que, cuando llegaba la policía, era el primero en presentarse para cooperar con las comisiones.

Desde esa casa se llegaba a la residencia de la muchacha y a la bodega “Los Cruceros”, a cuyo frente ocurrieron los acontecimientos.

Pese a todos los esfuerzos policiales, la investigación no avanzaba, parecía estar en una calle sin salida y no había nada concreto. Varias personas fueron retenidas y trasladadas a la sede del Cicpc para ser entrevistada, entre ellas un adolescente que mantenía una relación amorosa con la chica, de reciente data. Todos ellos fueron desechados como sospechosos, y el proceso de investigación permanecía en cero.

Colaborador sospechoso

Pero el exceso de colaboración de Juan Rengifo llamó la atención de los investigadores, que lo incluyeron en la lista de sospechosos y discretamente comenzaron a investigarlo. Supieron que hasta el mes de noviembre laboró como matarife en un matadero de reses del sur del Táchira y que era propietario de una finca dedicada a la cría de cachamas, conocida como “La Carolina”, que también colindaba con la casa de la estudiante Karla Luzbey. Era una persona de plena confianza de la familia Sánchez, ya que lo conocían desde hace muchos años.

El desmedido interés de Juan por saber cómo iban las investigaciones también llamó a sospechas y la sonrisa que se dibujaba en su rostro cuando los detectives le comentaban que no tenían nada y estaban desorientados, no pasó desapercibida. El sujeto no sabía que estaba siendo investigado de manera discreta.

Los funcionarios se enteraron de que Juan no solo trató de prestar ayuda a las víctimas y colaboró al momento de proceder al levantamiento de los cadáveres, sino que además asistió al velorio, al entierro, y a los rezos novenarios. Estaba muy atento a la reacción de la familia y el comportamiento de la policía, al tiempo que no se cansaba de hablar sobre la amistad y el gran cariño que sentía por la muchacha asesinada.

Los detectives lograron averiguar que, desde el mismo día en que ocurrió el doble homicidio, el comportamiento del sujeto sufrió un cambio radical. El hombre, tranquilo y amable, de pronto se tornó huraño y agresivo, lo cual iba en aumento a medida que pasaban los días. Se volvió agresivo con su esposa, a quien atacó en varias oportunidades y ya no podía dormir con tranquilidad. En las noches despertaba azarado, bañado en sudor y muy nervioso.

Era el cargo de conciencia que no lo dejaba en paz, como le sucede a la gran mayoría de los asesinos como le ocurría a Rodion Romanovich, el protagonista de la famosa novela de Dostoyevski Crimen y Castigo, quien luego de matar a la mujer que le prestaba dinero, no podía dormir y terminó por entregarse a la justicia.

Y fue detenido

Procurando no despertar sospechas los detectives tratan el tema de su comportamiento y Rengifo se limita a decir que el crimen lo había impactado mucho por la amistad que tenía con la joven.

La revisión del celular de la estudiante permitió descubrir que la misma había iniciado una relación amorosa con un joven del sector y que recibía mensajes de texto de parte de la esposa de Juan, que era su amiga, pero al indagar más se estableció que algunos de estos mensajes no habían sido escritos por la mujer, sino por su esposo.

Poco a poco, el círculo se fue cerrando y se descubrió el interés del individuo por la joven, quien en varias oportunidades le propuso entablar una relación amorosa, lo cual era rechazado por la muchacha.

Atormentado por ese amor no correspondido, va asumiendo un comportamiento violento y al enterarse que Karla estaba de novia con un muchacho se enfureció, hasta el punto de amenazarla, a pesar de que eran vecinos y su esposa podía darse cuenta de su actitud.

El lunes 26 de abril, cuando ocurre la tragedia, la chica se encontraba sola, lo cual fue aprovechado por Rengifo para hacer un último intento con sus pretensiones románticas. Ella estaba frente a su casa, esperando a su amigo y compañero de estudios Castillo Prieto, quien había quedado en buscarla para ir a un curso de nivelación.

Cuando ella lo ve, comienza a gritar en solicitud de ayuda, pues Rengifo, estaba amenazándola con un cuchillo, probablemente de los que usaba en su trabajo en la carnicería. El joven rápidamente acude en su auxilio, pero el asesino tenía todas las ventajas y también lo mata.

El carnicero asesino corre hasta la zona boscosa, y fue cuando la madre de Carla y algunas personas ven la silueta que amparada en la oscuridad de la noche, ingresa.

El hombre solo bordeó la casa vecina y entró a su residencia, de donde sale a la calle, donde la madre gritaba pidiendo ayuda para su hija. Simulando sorpresa y simula también prestar ayuda a la muchacha, que él ya sabía que había muerto.

Podía engañar por un tiempo, pero finalmente su conciencia y los detectives, comandados por el comisario Uribe Guerrero, lo arrinconaron.

La captura del hombre ocurre en su vivienda, en momentos en que se disponía a huir, aduciendo estar muy afectado por lo ocurrido. Las investigaciones fueron desarrolladas de manera coordinada con la Fiscalía XVI del Ministerio Público.

Cuando lo presentaron ante el tribunal, terminó por admitir los hechos. Los funcionarios presentaron pruebas contundentes, entre ellas dos cuchillos, y las ropas ensangrentadas del asesino, que estaban escondidas. También el teléfono celular de la víctima, con los mensajes que el sospechoso le escribía.