Migración y economía son los detonantes del “bajón de fin de año”
El psicólogo Erbis Busto recomienda adaptarnos a la situación y utilizar los recursos con los que contamos
Laura De Stefano
La nostalgia por navidades pasadas, los sentimientos de soledad ante la migración de familiares, las metas no cumplidas y la dificultad económica para acceder a bienes tradicionales en la época, son factores que pueden desencadenar lo que popularmente se conoce como el “bajón de fin de año”.
El psicólogo Erbis Busto explica que es común ver a personas experimentando este fenómeno en las fechas navideñas. Este estado de ánimo se manifiesta con síntomas leves de irritabilidad, desmotivación y melancolía.
Recalca que la diferencia con el trastorno depresivo clínico es crucial: “En ese ‘bajón de fin de año’ los síntomas son leves, pero en la depresión mayor son tan severos que interfieren con el funcionamiento personal, social y laboral de la persona, además de incluir ideas de inutilidad, culpa o incluso muerte”.
En esencia, el experto diferencia el “bajón” como una reacción emocional ante circunstancias específicas, mientras que la depresión clínica es un trastorno del estado de ánimo persistente que requiere tratamiento profesional.
Es difícil afirmar si el fenómeno ha tenido un aumento, sin embargo el especialista asegura que el complejo contexto social y económico actual puede intensificar síntomas que ya se presentaban en años anteriores.
“Las situaciones pueden ser muy diversas, pero quiero mencionar dos que me parecen muy importantes: el componente familiar y el factor económico”.
Detalla que la migración produce nostalgia y una sensación de pérdida de la tradición. A esto se suma el factor económico y las expectativas no cumplidas, ya que la dificultad para acceder a bienes chocan directamente con las expectativas culturales de tener una “Navidad abundante”.
“Manejar estas emociones saludablemente implican aceptación y un enfoque diferente. Podemos iniciar con aceptar las emociones y sentimientos que se presenten como la nostalgia. Es importante reconoce que es natural extrañar, tengan momentos para el recuerdo, quizás viendo fotos, pero con un límite de tiempo”.
Otra recomendación es la de centrarte en crear el presente en lugar de frustrarte por no poder replicar el pasado. Si no pueden comprar los ingredientes para 50 hallacas, haz 10 con los que puedas. Si no puedes viajar, haz una videollamada.
“Crear nuevas tradiciones que sean posibles y significativas. Es importante enfocarse en lo que sí tienes e intentar conectar con otros de forma auténtica. Los venezolanos hemos demostrado una gran capacidad de resiliencia, y esta capacidad es una herramienta muy útil para superar el bajón de fin de año”.
Dijo que debemos adaptarnos a la situación y en utilizar los recursos con los que contamos (mas allá de pensar en los recursos que me gustaría tener) para buscar soluciones creativas y adaptativas.
En la resiliencia no debería faltar el vínculo social y la calidez humana. Buscar apoyo en la comunidad, en la amistad y reírse incluso de las situaciones difíciles, ayuda a procesar las cargas emocionales.
“Quiero destacar que la resiliencia no es optimismo ciego, sino el tener una esperanza realista. Es el conocimiento de saber que tienes las herramientas internas necesarias para salir adelante”.
El efecto de revisar metas y propósitos
Para lidiar con la presión económica y las expectativas, propone un enfoque de realismo práctico y cambio de perspectiva: En lugar de medir la Navidad en ¿Cuánto puedo gastar?, mídela en tiempo de calidad con las personas que te rodean y cuan significativa fue tu interacción con ellos.
Por ejemplo comunicar a la familia el enfoque que tendrá la Navidad este año, entre ellas la de compartir momentos familiares en lugar de dar regalos costosos. También es necesario recordar que las expectativas no son la realidad, son ideas de cómo creemos que debería ser.
“Intenten cambiar eso por lo que puedo hacer ahora. No busquen unas fiestas perfectas, sino que sean suficientes para compartir alegría con otros y establecer conexiones reales y duraderas”.
En estas fechas es costumbre revisar las metas u objetivos no cumplidos que pueden tener un efecto positivo o negativo.
El psicológo Busto señaló que si la revisión se convierte en una autocrítica, puede desencadenar culpa y sentimientos de inutilidad si tenemos pensamientos como “soy un fracaso total” o “soy un inepto” en lugar de “no lo logré esta vez”.
Por otro lado, si la revisión se hace con autocompasión y objetividad, se puede convertir en una herramienta de aprendizaje. “Nos permite analizar los obstáculos reales, el realismo de nuestras metas o un cambio de estrategia, entonces la meta no cumplida se transforma en información útil para iniciar nuevamente”.
