La conversión

Estamos en la Semana Santa, que para los católicos es tiempo de reflexión; recogimiento, y fe. Se trata de la conmemoración anual de la pasión; muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Comienza con el Domingo de Ramos, y en el caso venezolano hay particularidades emocionantes, como la subida al Avila de los fieles para recoger las palmas en nuestro emblemático cerro capitalino, y ya es una hermosa tradición que la ciudadanía de todas las edades acude al llamado de la Iglesia para tan noble labor, que luego adorna todas las iglesias, y acompaña cada hogar venezolano en la expresión de nuestra fe.

Es una semana muy significativa que comienza rememorando la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, como ya se ha dicho el Domingo de Ramos, para luego continuar con otros eventos que narran sus últimos días, y que sellaron la historia con la traición de Judas el miércoles santo; la última cena el Jueves Santo; la crucifixión el viernes santo, y la resurrección al tercer día, esto es, el Domingo de Pascua.

Para los católicos, tiempo de reflexión; oración, y recogimiento como muestra de reconocimiento por el sacrificio inmenso de Jesús al servicio de toda la humanidad. Son distintas las expresiones que se exhiben en esta Semana Mayor, y en el caso venezolano, hay quienes lo asumen con seriedad para la conmemoración religiosa, asistiendo a los diferentes templos con todo rigor católico. Otros para el descanso; también para vacacionar en distintos sitios turísticos, especialmente en las playas, y hasta ocurren milagros como la conversión (circunstancial y conveniente) de ateos, y odiadores de la fe para congraciarse de manera engañosa con la población creyente, pero sobre todo, para enviar un mensaje a sus nuevos jefes acerca de su ¨buen comportamiento¨.

Nos referimos desde luego a la interina tutelada, ampliamente conocida por su ateísmo y su odio por la fe de quienes profesamos la religión católica, en su más reciente mensaje de ¨paz y amor¨ en medio de la Semana Santa: ¨yo pido y oro, todos los días, por el reencuentro de las familias, y el reencuentro de los venezolanos, y venezolanas¨.

¨Pido que todas las iglesias –desde la fe- se sumen al encuentro de los venezolanos y se sumen para sanar heridas, y sanar corazones. Que no haya odio, intolerancia, y que sea el amor; la convivencia y el reencuentro, así seamos distintos, lo que nos permita vivir en paz, armonía, en hermandad, y para la
felicidad de nuestro país, de nuestro pueblo¨. ¨Todo lo mejor para Venezuela. Esta Semana Santa nuestras oraciones para sanar a Venezuela, y así como Jesús llevó esta cruz, nosotros podamos aliviar de la cruz a Venezuela y el país pueda respirar en paz y sea la comunión lo que nos lleve a un destino común para defender esta maravillosa patria; su honor; su independencia. Que la oración popular se sume para el reencuentro de los venezolanos y venezolanas, amén¨.

Los Católicos, y también quienes no lo son, quisiéramos creer que esas palabras son sinceras, pero la memoria no falla y al recurrir a la hemeroteca, resulta muy elocuente revisar la cantidad de insultos; burlas y humillaciones con las que maltrataron a la ciudadanía en general, pero muy especialmente, a los presos políticos y sus familiares que siguen tras las rejas de manera injusta, e inexplicable, a pesar de que para continuar con el engaño, aprobaron una ley de amnistía selectiva; falsa, e innecesaria.

Si de verdad sintiera en su corazón el llamado de la fe cristiana y en consecuencia su conversión, de odiosa atea a mujer de fe, debería comenzar por indultar a todos los presos políticos de manera irrestricta, e impedir la continuación humillante y cruel, como aún se les trata y somete.

Ni siquiera en Cuba, tierra de sus anteriores amos se ha visto tanta perversidad reciente, si tomamos en cuenta que a partir del proceso de negociación que se lleva a cabo entre las autoridades de la dictadura isleña, y el gobierno norteamericano, han sido liberados más de 2.000 presos políticos.

Cómo es posible entonces que en Venezuela siga habiendo centenares de ciudadanos sometidos a la indignidad y humillación de estar presos sin razón, por el capricho de un dictador roba elecciones, y sus sucesores tutelados?

Por cierto, el dictador acaba de cumplir tres meses fuera del poder y espera el desarrollo de su juicio en una cárcel de Nueva York. Un gesto verdadero de la intención de orar por el reencuentro de los venezolanos para la paz y el amor, pasa por un ejercicio sincero de arrepentimiento de tanto odio acumulado por largos años en su corazón, para que de inmediato proceda a excarcelar por la vía del indulto a todos, y cada uno de los que aun continúan tras las injustas rejas de la dictadura. No puede ser solo un ejercicio retórico para engañar –otra vez- a los venezolanos. Si de verdad quiere la paz, el amor, y el reencuentro de los venezolanos, tiene que dar el ejemplo y actuar en consecuencia. De lo contrario, será la continuación de la hipocresía que les caracteriza, y la desesperanza para quienes hoy sufren cárcel y persecución.

Esa frustración no sólo destruye la dignidad de los presos políticos, sino la de sus familiares en su calvario, y queda de manera protuberante en la sociedad venezolana como pésimo ejemplo frente al mundo civilizado.

Que la Semana Santa sirva de reflexión sincera para todos, pero especialmente para quienes ejercen el poder de manera interina. Esto debe llevarnos al compromiso de construir un mejor país, pero en su caso como gobernantes de facto, a dar los pasos concretos que hagan ciertas sus palabras, como por ejemplo: liberación inmediata de todos y cada uno de los presos políticos; estimular la designación de los titulares del poder público como el Fiscal General de la República; Contralor, y Defensor del Pueblo, con figuras profesionales; independientes, y autónomas, en lugar de fichas partidistas o dependientes del partido de gobierno; desarme inmediato de todos los grupos paramilitares (colectivos) afines al poder, y abrirse a la democratización del país, mediante la celebración en tiempo perentorio de elecciones libres. No más traiciones al estilo de Judas!

Román Ibarra

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