El polvo está causando daños oculares severos
La salud visual de quienes pasan horas en las zonas afectadas, se encuentra bajo un grave riesgo latente debido a que hay micropartículas tóxicas de cemento, yeso y cal suspendidas de forma continua en el ambiente.
Ante esta realidad, el doctor Robinson Barrientos, retinólogo y segmentólogo, emitió una advertencia categórica sobre los peligros extremos a los que se exponen los ojos.
El especialista señaló que los riesgos varían según la naturaleza del material. Por un lado, el polvo de cemento y la cal representan la amenaza más severa debido a su elevado pH alcalino.
“Al entrar en contacto con las lágrimas, estas sustancias se activan de forma química, desencadenando quemaduras de gran gravedad, destrucción total del tejido corneal y pérdida irreversible de la visión. El cemento seco, además, actúa absorbiendo la humedad natural del ojo, lo que acelera e intensifica el daño”, advirtió.
Por otro lado, la tierra y los restos de mampostería actúan como cuerpos extraños de carácter mecánico. Durante el parpadeo natural, estas partículas abrasivas generan profundos rasguños en la córnea, conocidos como abrasiones corneales, que provocan un dolor agudo y abren una vía directa para infecciones bacterianas o fúngicas severas.
El especialista manifestó que ante un accidente de esta magnitud, cada segundo cuenta y la precisión en la respuesta determina el pronóstico del paciente. Sus recomendaciones son claras: prohibido frotar los ojos, lavado inmediato y constante, parpadeo frecuente, cero manipulación instrumental y evaluación médica oportuna.
Una simple irritación por polvo puede derivar en una urgencia médica mayor si se manifiesta mediante dolor ocular intenso e incesante, visión borrosa o doble, pérdida de agudeza visual, fotofobia extrema, enrojecimiento prolongado con inflamación grave de los párpados, presencia de secreción purulenta o una persistente sensación de cuerpo extraño horas después del lavado.
Señaló que cuando el agente agresor corresponde a cal o cemento, el procedimiento exige rigor absoluto. El enjuague debe realizarse exclusivamente con agua corriente limpia o solución salina estéril, descartando por completo la aplicación de gotas oftálmicas o remedios caseros.
Este flujo debe mantenerse de manera ininterrumpida por un mínimo de 15 a 20 minutos, manteniendo los párpados abiertos con los dedos para garantizar que el líquido limpie la totalidad del saco conjuntival y diluya el agente químico por completo, mientras se gestiona el traslado o la llamada a los servicios de emergencia.
Ignorar un cuerpo extraño o una quemadura química mal atendida propicia complicaciones de pronóstico reservado, tales como úlceras corneales propensas a infecciones fulminantes, opacidad y cicatrices en la córnea que bloquean permanentemente la entrada de luz, endoftalmitis o infecciones intraoculares capaces de destruir el globo ocular, y la consecuente pérdida parcial o total de la visión que derive en la necesidad de un trasplante corneal.
En el caso de rescatistas y personal de remoción, el retinólogo recomienda el uso de gafas de seguridad herméticas tipo «monogafa» dotadas de un sello de goma o espuma periférica para impedir el ingreso de partículas en suspensión. Asimismo, se prohíbe terminantemente el uso de lentes de contacto y se recomienda portar permanentemente frascos de solución salina portátil para la primera asistencia en el terreno.
El doctor Barrientos atiende todos los martes y jueves de 1:00 p. m. a 6:00 p. m. en Maiquetía, Plaza Los Maestros, frente a la Escuela República El Salvador. Los interesados en solicitar una cita pueden llamar a los números 0412-204.17.27, 0414-325.91.48 o 0412-211.61.28. Lo pueden seguir en sus redes sociales como @drbarrientosr. / LDS
