El hombre que maltrata a su pareja merece el repudio de todos
“Si una persona ha sido maltratada de pequeña, está propensa a ver la violencia como algo normal o como una manera válida para solucionar los problemas”, señala la psicóloga Florymar Quijada, quien destaca que la prevención es un problema de conciencia individual y colectiva. “La raíz de la tolerancia a la violencia muchas veces está en la niñez.
«Cada familia tiene su librito para solucionar los conflictos y son un modelo para sus miembros», explica la psicóloga.
El entorno familiar es la primera escuela de gestión emocional. Por eso, el mejor mecanismo de protección es el ejemplo que damos. «Aprendemos de nuestro entorno. Ser coherentes entre lo que decimos y hacemos, establecer qué se aguanta y qué no, el respeto y la empatía son vitales. Hay que predicar con el ejemplo”.
Saber cómo funciona la agresión es clave para que la situación no pase a mayores. La especialista pone el dedo en la llaga: el agresor, al principio, no se ve a sí mismo como un monstruo. Sin embargo, da señales clarísimas: tiende a ser controlador, imponiendo su manera de pensar.
Le resta valor a las emociones de la otra persona, como si no fueran nada, minimiza sus acciones o le echa la culpa a la víctima. Es un círculo vicioso: Pide perdón, tiene gestos bonitos, y luego vuelve a ser agresivo.
Pero identificarlo no basta. Hay que darle a la gente herramientas para manejar los conflictos y, en el peor de los casos, «buscar mecanismos de protección de la víctima», afirma Quijada.
La prevención se centra en darle músculo a la persona para que pueda establecer límites y desenvolverse bien. El trabajo terapéutico, según Quijada, implica conocer la historia de cada caso y enfocarse en subir la moral y la autoestima, enseñar cómo tener una comunicación efectiva y asertiva, vital para resolver broncas y crisis y establecer límites claros y que se respeten.
Quijada identifica factores clave que limitan la capacidad de alejarse por lo que propone que estudien, trabajen sean independientes y tengan ingresos propios.
«Necesitamos cambiarle el chip a la sociedad para que el mal manejo de la rabia no sea algo que se deje pasar y, fundamentalmente, para montar entornos seguros donde el respeto, la empatía, los límites y el quererse a uno mismo sean la norma».WD
