Claman por el regreso de los visitantes en El Mosquero
El Pesquero de La Guaira, conocido popularmente como El Mosquero, atraviesa un momento crucial después de los terremotos que dejaron a sus comerciantes con el anhelo común de la reactivación de las playas y recuperación de la clientela.
Los comerciantes recuerdan con nostalgia las épocas doradas, cuando los fines de semana y días feriados el lugar colapsaba por la cantidad de turistas provenientes, principalmente, de Caracas.
José “Cheo” Rodríguez, con 27 años al frente del Kiosco La Coca, recuerda que se formaban largas filas de clientes esperando por los platos frescos que venían “de la playa al sartén” y que el curioso nombre de El Mosquero nació por la enorme cantidad de gente que llegaba “como moscas”.
“Gracias a Dios hemos venido escalando”, relata Cheo, quien explica que la dinámica ha cambiado. De lunes a viernes, los comensales están compuestos por obreros y trabajadores que participan en las labores de reconstrucción. Los fines de semana, en cambio, recibe a bañistas y turistas en busca del sabor tradicional del mar.
Actualmente, el negocio da empleo a cinco personas y cuenta con 11 mesas para recibir a los comensales desde las 7:00 am hasta las 5:00 pm. Su plato estrella es la fosforera a $10, seguido del pescado frito, cuyo precio varía de $11 a $15, acompañado de tostones, papitas, ensalada y aguacate, además del hervido en 9 dólares.

Aunque esperan con optimismo la reactivación total de las playas, conscientes de que quizás no se retorne plenamente a la bonanza dorada de décadas pasadas, el Kiosco La Coca sigue atendiendo con la misma pasión de siempre.
Por su parte, el negocio familiar El Pez Dorado, atendido por Elizabeth Suárez y la experimentada chef Yaneth Suárez, con 40 años en los fogones, mantiene sus puertas abiertas los siete días de la semana. Ofrece desayunos, almuerzos, su tradicional papelón con limón y delicias marinas adquiridas directamente de las lanchas pesqueras y el Mercado Pesquero.
“Queremos que vengan bastantes clientes. Lo que más piden es la fosforera, el pescado frito y los camarones rebozados o al ajillo, mientras que para beber prefieren el papelón con limón. Nuestra clientela es fija y tenemos siete mesas. Todos comenzamos a trabajar un mes después de los terremotos”, manifestó Elizabeth.
Para los siete locales que conforman El Mosquero, la gran meta es la reactivación. Insisten en que se necesitan más visitantes y su mayor deseo es volver a ver sus mesas llenas./LDS
