Estrés económico exacerba la violencia contra la mujer

El especialista de la psicología, Roger Álvarez, señaló que las secuelas en las víctimas son baja autoestima, alteración del estado de ánimo, ansiedad y paranoia

Laura De Stefano

El estrés económico es uno de los principales desencadenantes de los conflictos y de la violencia intrafamiliar, pues hace aflorar el yo primitivo y algunas personas se tornan agresivos.

El psicólogo Roger Álvarez, de la Fundación San Pedro Apóstol de Maiquetía, manifestó que el no poder satisfacer las necesidades básicas podrían ser un catalizador de esas frustraciones que algunas personas expresan a través de la violencia.

También a nivel comunitario la violencia se convierte en un método de relación y resolución de conflictos. “La violencia tiene un gran componente social y de aprendizaje, cuando es aprendido de manera vicaria”.

El especialista señaló que existen señales de advertencia y una de ella es cuando el potencial agresor comienza a poner límites a su pareja y aumenta sus controles de manera explícita o implícitamente, afirmando cosas como, por ejemplo:

“Yo lo hago todo por ti, no te preocupes”, “Para qué vas a estudiar, si yo te lo doy todo”, “No es necesario que te prepares, yo te mantengo”.

Esto aumenta las condiciones de dependencia, agravada por la falta de crecimiento personal y con ello el deterioro de la autoestima y de la autonomía de la mujer.

El probable agresor prepara el terreno para que su compañera caiga en un estado vulnerable, porque así son más fáciles de dominar. Cuando la mujer da señales de que su antigua autonomía puede volver, el victimario intensifica la agresión para mantener el control.

El experto Roger Álvarez advierte que si este comportamiento persiste y va en escalada, la mujer debe buscar ayuda profesional para los dos y, en caso extremo salir de la relación.

Lamentablemente, para muchas es difícil porque sienten que no pueden hacerlo solas o porque han vivido en un ambiente familiar donde la agresión era la norma y podrían verlo como algo natural, aunque lo que más conviene es luchar por una relación y un ambiente familiar que proporcione bienestar mental.

Debemos denunciar

No hay que esperar que sea la mujer agredida quien tome la iniciativa, los vecinos pueden denunciar. También se puede recurrir a un familiar para que formule la denuncia, porque las leyes ofrecen medidas de protección de la identidad y confidencialidad para los denunciantes.

Cuando hay peligro de muerte, la víctima debe pedir ayuda y retirarse para preservar su vida. No es aconsejable enfrentarse al agresor, porque es buscar más violencia. Se podría mediar a través de una conversación que ayude a bajar los niveles de agresividad, pero lo mejor es huir de allí.

7 tipos de violencia

“La violencia de género es una realidad con muchas caras y se manifiesta de muchas formas y maneras. Si hablamos de tipos, existen siete que son las más conocidas: física que puede manifestarse en golpes, cachetadas, empujones; violencia psicológica, sexual y económica”.

Las otras tres son violencia patrimonial, es la destrucción o usurpación por parte del agresor de bienes, objetos, propiedades, entre otras; violencia social que es cuando el agresor logra mantener una persona aislada de su familia, amigos e incluso se le aparta de su trabajo para evitar cualquier tipo relación; y por último la violencia vicaría que se basa en la que se ejerce a los niños por la observación constante de la violencia entre sus progenitores.

Indicó que nivel psicólogo las secuelas son baja autoestima, desconfianza en sus capacidades, alteración del estado de ánimo y del sueño, ansiedad, paranoia persecutoria y trastornos postraumáticos.

El psicólogo juega un papel vital en el acompañamiento de las víctimas con dinámicas para establecer otras relaciones interpersonales. Pero, sobre todo intrapsíquica donde pueda desarrollar una autoestima sólida y respeto hacia ellas mismas para recuperar el terreno interpersonal.