9 años entregando alimento de amor a pacientes oncológicos

Desde hace nueve años, Tony Pereira, chef del comedor parroquial de Maiquetía, se ha dedicado a una labor que va más allá de la cocina: llevar refrigerios y acompañamiento emocional a los pacientes de cáncer en el Hospital Periférico de Pariata y el Seguro Social de La Guaira.

“He realizado labor social durante mucho tiempo, pero en estos últimos nueve años mi compromiso se intensificó. Todo comenzó a raíz de nuestra actividad en el comedor de la parroquia San Sebastián de Maiquetía”, explicó Pereira.

La iniciativa surgió tras realizar visitas domiciliarias para verificar las necesidades de los comensales habituales del comedor, donde el equipo constató la difícil realidad de quienes padecen enfermedades graves.

“Esa realidad nos impulsó a ir directamente a los centros de salud. Cuando habilitaron las unidades de quimioterapia, tomé la decisión de acompañarlos. Siento que Dios guía mis pasos en este camino”.

Pereira destaca que, aunque no todos los pacientes están en situación de pobreza extrema, el proceso de la quimioterapia es sumamente agotador. Por ello, se enfocan en brindar un detalle que alivie la jornada: avena, jugos, galletas, mantequilla de maní, gelatina o frutas.

Para el chef, el objetivo trasciende lo nutricional. Se trata de ofrecer un momento diferente y apoyo emocional en medio del tratamiento. Su mayor satisfacción es ver cómo un gesto de cariño transforma un momento difícil en un espacio de esperanza. Como él mismo asegura: “Servimos con el corazón para alimentar el alma”.

“Esta labor nace de la necesidad de compartir tiempo y presencia. En mis visitas a enfermos, me marcó el reclamo de quienes se sentían olvidados: ‘¿Por qué no viniste antes?’. Entendí que la soledad pesa tanto como la enfermedad.”

Dios es su principal motor

Tony Pereira afirma contar con el motor de Dios y el apoyo de personas comprometidas como Janet, Wilson, Milena, Ruy, el Padre Martín, Lenin, Douglas y las colaboradoras del comedor parroquial.»

“Entregamos refrigerios e hidratación (galletas, avena, frutas y jugos), siguiendo la orientación médica de mantener a los pacientes hidratados durante el tratamiento.

Sin embargo, el alimento más valioso no viene en un empaque: es la escucha. Aprovecho cada entrega para brindar una palabra de aliento. A cambio, recibo sonrisas que no tienen precio; ese gesto de gratitud es el verdadero motor que me impulsa a seguir”.

“Muchos me preguntan si me canso, y les respondo que, al contrario, esto me da vida. El ajetreo del día desaparece ante la esperanza en los ojos de un paciente. Como abuelo, sé que la mejor herencia no es material, sino el ejemplo de servicio. Esa sonrisa es mi vitamina: me fortalece, me hace sentir útil y rejuvenece mi alma”.

Tiene planificado repartir el 25 de diciembre y el 1 de enero un plato de lentejas a las personas en situación de calle. “Me faltan algunos ingredientes, pero creo que podré lograrlo”./LDS