Diócesis de La Guaira envía a 170 ministros y agentes pastorales como Iglesia samaritana
La Diócesis de La Guaira celebró en la parroquia San Bartolomé Apóstol de Macuto la Eucaristía de cierre del Mes de las Misiones (DOMUND), en un encuentro que reunió a representantes de sus 26 parroquias y marcó la primera gran celebración diocesana después del terremoto.
El padre Alfredo Bustamante, secretario de la Pastoral Litúrgica de la Diócesis de La Guaira, informó que la misa fue presidida por monseñor Pablo Modesto González Pérez, obispo de La Guaira quien, en su homilía titulada Enviados a reconstruir desde la esperanza, destacó que el reencuentro de las comunidades es un signo de comunión y de reconstrucción espiritual. “La respuesta de la Iglesia a la adversidad no es el aislamiento, sino la comunión”.

A partir de la figura bíblica de Ciro, el obispo recordó que Dios actúa por encima de las limitaciones humanas y llama a cada persona a colaborar en su obra.
Monseñor Modesto invitó a asumir la reconstrucción de La Guaira no solo en el plano material, sino también en las dimensiones moral y espiritual, confiando en que es el Señor quien sostiene y guía el camino de las comunidades.
Durante la celebración fueron instituidos más de 170 Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión, llamados a llevar la Eucaristía a personas enfermas, mayores o con movilidad reducida. El obispo les recordó que, al visitar los hogares, serán presencia cercana de Cristo y de una Iglesia samaritana que acompaña y no abandona a quienes viven situaciones de enfermedad, vejez o aislamiento.

“En el marco del cierre del DOMUND, el obispo encomendó también al nuevo equipo diocesano misionero la tarea de atender las zonas más vulnerables y promover en las comunidades el anuncio del Evangelio y la caridad. Asimismo, envió a los agentes de escucha y acompañamiento en el duelo, quienes ofrecerán apoyo y consuelo a las personas afectadas por pérdidas y situaciones de dolor”, señaló el padre Bustamante.
El obispo exhortó a los fieles a vivir una fe activa, traducida en obras de amor y servicio, y advirtió que una Iglesia encerrada en sí misma se debilita. “No vamos a las periferias por mera asistencia social; vamos porque Cristo nos envía a llevar dignidad y consuelo”.

Al concluir, señaló que la reconstrucción de la diócesis no se realiza únicamente con bloques y cemento, sino también con la entrega de los laicos, el compromiso pastoral de sacerdotes y diáconos y la fe de todo el pueblo. Encomendó a las comunidades a la protección de la Santísima Virgen María y las animó a regresar a sus parroquias con alegría y esperanza.
