500 fieles celebraron a san José Gregorio Hernández en La Soublette
En medio de una profunda prueba para la comunidad, más de 500 feligreses se reunieron en la iglesia Nuestra Señora del Carmen, en La Soublette, para celebrar la fiesta de san José Gregorio Hernández.
La Eucaristía fue presidida por monseñor Pablo Modesto, quien en su homilía ofreció palabras de fe y esperanza a la comunidad de la parroquia Monseñor Arnulfo Romero, donde funciona el santuario del Santo.
La devastación en la geografía parroquial ha sido total: no quedó ningún edificio en pie. La comunidad también lamenta la partida de seres queridos y de miembros valiosos de su Consejo Pastoral Parroquial.
En su homilía, monseñor Pablo evocó el relicario del Santo, golpeado en su parte inferior, pero con la reliquia intacta, como imagen de una comunidad herida que permanece firme en la fe. También recordó que la imagen de san José Gregorio Hernández quedó en pie tras el sismo, orientada hacia el Resucitado, que tampoco sufrió daños.

La iglesia de Nuestra Señora del Carmen se quedó pequeña para acoger a los fieles, quienes se mantuvieron firmes durante la celebración a pesar del intenso calor.
La Eucaristía fue acompañada por los cantos alusivos a san José Gregorio Hernández del Ministerio de Música del Sagrado Corazón de Jesús de La Páez. Para mantener la tradición de compartir, se ofreció una torta que disfrutaron los presentes.
Concelebraron junto a monseñor Pablo Modesto el párroco de la comunidad, padre Ángel Colmenares; el vicario zonal y párroco de las comunidades de Monseñor Arnulfo Romero y Corazón de Jesús, padre Alfredo Bustamante; el padre José Daniel Dalos, párroco de Guaracarumbo; el padre Jonathan Paredes, párroco de las comunidades de Mirabal y Zamora; y el padre Alberto Briceño, de la parroquia de Montesano.

También participaron los diáconos Rubén Azueta, José Rafael y José Ramón, además de servidores del altar de las parroquias monseñor Arnulfo Romero y Nuestra Señora del Carmen.
Al finalizar la celebración, la imagen y la reliquia de san José Gregorio Hernández recorrieron las calles hasta llegar al Hospitalito, donde hicieron una parada para orar por los enfermos.

La jornada fue expresión de una comunidad que, pese a la devastación y a la dispersión de sus feligreses, permanece unida en la fe y encuentra en la fraternidad la fuerza para seguir adelante.
