Entre lágrimas y fe despiden el Bloque 2 de la Páez
En un ambiente cargado de profunda conmoción, rezos y recuerdos a flor de piel, los vecinos del Bloque 2 de Urbanización La Páez se congregaron este sábado 19 de septiembre en las inmediaciones de la estructura para celebrar un histórico acto litúrgico de despedida.
El encuentro marcó el adiós definitivo a los espacios físicos que, durante casi seis décadas, cobijaron a generaciones enteras de familias guaireñas tras el devastador terremoto que afectó severamente la infraestructura del sector.
La actividad, impulsada por los propios habitantes, se convirtió en un espacio de duelo, sanación y fe colectiva, especialmente tras la estela de pérdidas humanas y materiales que dejó el colapso del vecino Bloque 3.
La celebración de la Palabra estuvo presidida por el padre Alfredo Bustamante, párroco de la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, quien también debió abandonar su casa parroquial y pernocta en un dispensario de la zona.
Durante la homilía, el padre Bustamante ofreció palabras de profunda empatía que conmovieron a los presentes, vinculando su propia vivencia con el dolor de su grey.

“Hoy no les hablo desde la comodidad de un templo. Les hablo como un pastor que camina con los zapatos llenos del mismo polvo que ustedes, que lleva en el alma las mismas grietas y que hoy duerme refugiado en un consultorio. He sentido el mismo pánico y la misma orfandad”, expresó visiblemente emocionado.
Rememoró con nostalgia sus 10 años de servicio en la comunidad, evocando memorias entrañables como las tradicionales misas de aguinaldo organizadas por los bloques cada 22 de diciembre. Asimismo, hizo alusión al drástico cambio en la geografía local, recordando que el movimiento telúrico impactó cerca del 85% del área comercial de La Atlántida.
Frente a la incertidumbre y el temor de las familias ante el inminente proceso de implosión de los edificios, el padre lanzó un firme mensaje de serenidad y esperanza.
“Las máquinas vendrán, los bloques caerán y la polvareda cubrirá por un instante el cielo de Catia La Mar. Pero las máquinas solo pueden derribar el concreto, el hierro y las cabillas. Jamás, escúchenme bien, ¡jamás podrán implosionar los 57 años de amor, de solidaridad, de fe y de historia que ustedes construyeron dentro de esas paredes! La verdadera iglesia no son los muros; son ustedes”.
El encuentro litúrgico estuvo marcado por momentos de alta intensidad emotiva. Luego de guardar un minuto de silencio en memoria de los fallecidos y la Liturgia de la Palabra, los asistentes participaron en el Gesto de la Ofrenda de las Llaves, depositando simbólicamente las llaves de sus antiguos apartamentos en el centro de una gran camándula de rosario sobre el altar, como acto de entrega y petición de nuevos hogares dignos.

Paralelamente, se habilitó el Muro de los Recuerdos, un lienzo donde los vecinos plasmaron con marcadores sus apellidos, mensajes de afecto y dedicatorias a las estructuras que los vieron crecer.
Más adelante, los asistentes recuperaron sus llaves, previamente bendecidas, como símbolo de resiliencia y del futuro que comienzan a construir, encomendando a Dios la búsqueda de sus nuevas viviendas. Como acto final de purificación y gratitud, el sacerdote roció agua bendita sobre la fachada.
El cierre estuvo matizado por la liberación de globos en agradecimiento a los hogares que albergaron 57 años de vida comunitaria, acompañados por la invocación y los cantos a la Virgen del Valle, sellando el compromiso colectivo de mantenerse unidos ante la reconstrucción.

