Dos meses
Han pasado dos meses desde el terremoto del 24 de junio y el balance obliga a separar dos conceptos que muchas veces se utilizan como si fueran equivalentes: atender la emergencia y reconstruir. Venezuela sigue fundamentalmente en la primera etapa.
Las cifras ayudan a entenderlo. Se han entregado unas 400 viviendas frente a aproximadamente 25.000 necesarias. Además, ninguna corresponde todavía a construcciones iniciadas después del terremoto: son proyectos que estaban paralizados antes del 24 de junio y que fueron culminados. Mientras tanto, más de 15.000 personas permanecen en refugios, unas 60.000 viviendas resultaron afectadas, 24.000 fueron declaradas inhabitables y 190 edificios colapsaron.
Incluso la remoción de escombros muestra la dimensión de la tarea pendiente. La cifra que considero más consistente es alrededor de 500.000 toneladas métricas removidas frente a un trabajo total estimado en 2,1 millones. Hay informaciones contradictorias que han llevado a algunos medios a presentar los 2,1 millones como material ya retirado, mientras fuentes estatales hablan de 493.000 toneladas. Hasta ahora ninguna autoridad ha conciliado públicamente ambas cifras. La diferencia no es menor: una representa aproximadamente una cuarta parte del trabajo y la otra implicaría prácticamente haberlo terminado.
Gustavo García Carrasquero, presidente de la Cámara Venezolana de la Construcción, ha estimado que solo el proceso asociado a los escombros podría tomar alrededor de 260 días. Prácticamente un año. Y ese dato permite poner el problema en perspectiva: remover escombros no es reconstruir viviendas, recuperar infraestructura ni normalizar completamente la actividad económica.
Esta distinción es fundamental porque el costo de un desastre natural no termina cuando deja de temblar la tierra. El daño inicial destruye capital físico, pero después aparece un segundo costo asociado al tiempo. Cada mes con miles de personas en refugios, viviendas inhabitables, infraestructura dañada y actividad económica limitada agrega pérdidas al balance original.
Por eso he insistido desde el comienzo en que la reconstrucción venezolana necesita una arquitectura financiera y operativa distinta. No basta con recursos fiscales, especialmente en una economía con las restricciones que tiene Venezuela. Hace falta movilizar capital privado, financiamiento multilateral, cooperación internacional y mecanismos transparentes que permitan ejecutar proyectos con rapidez y trazabilidad.
Dos meses después, la principal preocupación no debería ser solamente cuánto destruyó el terremoto, sino a qué velocidad somos capaces de reconstruir. Porque mientras más tarde en comenzar esa etapa, mayor será la factura económica y social.
El terremoto ocurrió el 24 de junio. El costo de la demora, en cambio, sigue creciendo.
Asdrúbal Oliveros, economista

