El tambor de Marcelino aún resuena en Caraballeda
En lo profundo de la parroquia Caraballeda el tiempo parece haberse detenido para resguardar una historia que se niega a desaparecer. Allí, entre recuerdos, raíces y silencios, vive el legado de un hombre que marcó la cultura de un pueblo: el maestro Marcelino “Chicharrón” Pimentel.
Amante incansable del tambor, dedicó su vida a este género con una pasión tan intensa que logró trascender fronteras, siendo reconocido a nivel nacional.
Su talento llegó a Billo Frómeta, quien le rindió homenaje dedicándole la canción “Caraballeda” incluida en el LP “Billo 76”, inmortalizando así su nombre en la historia musical del país.
Pero Marcelino no solo fue músico. Fue padre, abuelo, bisabuelo y tatarabuelo. Vivió 119 años y dejó una huella imborrable en cada generación.
Hoy, el equipo de La Verdad llegó con emoción a la casa de los Pimentel. Un hogar humilde, donde nos recibió su hija, Bárbara Pimentel, de 103 años.
Esta mujer admirable, considerada la matrona de Caraballeda, mantiene lucidez y una sonrisa cargada de nostalgia, que comparte cada recuerdo de su padre como si el tiempo no hubiera pasado.
Sus palabras no solo narran vivencias, sino que mantienen vivo el espíritu de quien entregó todo por la cultura.
Marcelino no ha sido reconocido como merece
La familia siente que con ellos hay una deuda pendiente. “Mi padre no ha recibido los honores que merece”. Bárbara se mantiene en pie gracias al amor y al apoyo de sus hijos y nietos. No ha recibido ayuda institucional, pese a ser hija de esa figura que dejó en alto el nombre de la región.
La historia de Marcelino “Chicharrón” Pimentel no debe quedar en el olvido. Su vida, su arte y su legado representan una parte invaluable de la identidad cultural de La Guaira.
Esta visita no solo fue un encuentro con el pasado, sino un recordatorio urgente de los verdaderos tesoros de un pueblo que no siempre están en monumentos, sino en las historias que aún esperan ser reconocidas.
