Jhonny Martínez: Urge  rescatar la institucionalidad del CNE

El técnico electoral de Copei, dijo que la creación de un nuevo  sistema electoral es la única vía para garantizar una paz social duradera

Beatriz  Rodríguez

“La estabilidad democrática de una nación descansa sobre un pilar fundamental: la confianza absoluta de los ciudadanos en su árbitro electoral. En el contexto actual, se hace imperativo avanzar hacia una reingeniería profunda del Consejo Nacional Electoral (CNE), entendiendo que la legitimidad de cualquier proceso futuro depende de la transparencia técnica y la imparcialidad humana de este organismo”, expresó el doctor Jhonny Martínez ,

Resaltó que no  basta con realizar ajustes superficiales. Se requiere de una auditoría integral y el rediseño de la plataforma tecnológica bajo estándares internacionales.

Hay que implementar protocolos de trazabilidad que permitan la verificación en tiempo real de cada fase del proceso, desde la inscripción hasta la totalización.

“ Es necesario nvolucrar a organismos técnicos independientes y observación internacional calificada para certificar que el sistema sea invulnerable y auditable en todas sus etapas”.

Hizo  referencia al capital humano y la meritocracia,  resaltando que las instituciones se desgastan cuando los vicios operativos se normalizan. Tras años de una misma gestión, “la estructura administrativa ha desarrollado una inercia que compromete la eficiencia y la neutralidad”.

Hay que hacer una renovación total del personal directivo y de gestión media que ha permanecido en la institución durante periodos prolongados, para eliminar prácticas viciadas de «mal manejo» institucional.

El nuevo recurso humano debe ser seleccionado bajo criterios estrictos de idoneidad técnica, probidad ética y, sobre todo, desvinculación partidista, garantizando que el funcionario sirva a la ley y no a una parcialidad.

Añadió que la reingeniería busca pasar de una institución cuestionada a una institución técnica de referencia.

El CNE debe actuar con autonomía plena, despojado de cualquier influencia externa que no sea el mandato constitucional.

El objetivo final es que el ciudadano perciba al ente  electoral  como el guardián de su voluntad, un facilitador que garantiza que «un elector sea un voto, y un voto sea un resultado exacto».